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Rafael Bernal: El mexicano relegado

Crítica

José Javier Ponce de León

Existe una cumbre de escritores mexicanos de los cuáles podemos mencionar algunos con extrema facilidad: Octavio Paz,  Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Juan Rulfo, Sor Juana.

 

Incluso pueden incluirse los nombres de Ibargüengoitia, Castellanos, Pacheco, Volpi, Pitol o Velasco, por mencionar algunos. De lo que podemos estar seguros es que todos ellos, sin excepción, son de un largo legado.

Ya sea por su numerosa obra literaria, premios como el Nobel, incluso su pensamiento crítico y político. Es por eso que es de extrañar la ausencia de un autor mexicano llamado Rafael Bernal, que sólo ha podido ver la luz gracias a los esfuerzos del Fondo de Cultura Económica, que correctamente ha elegido darle mayor difusión a su obra El Complot Mongol (1969) y que recientemente fue adaptado al cómic y tiene en marcha una nueva adaptación cinematográfica. 

Rafael Bernal (1915-1972) fue un letrado mexicano que se versó en todos los géneros literarios, siendo los más destacados novela y cuento, aunque su obra académica no se queda detrás. Fue también un periodista en medios como televisión y radio, y por si fuera poco también trabajó como diplomático en Honduras, Perú, Filipinas, Japón y Suiza. Antes de ello, viajó por su cuenta al sur de México, a la selva tropical, donde trabajó cerca de los grupos indígenas y obreros de grandes compañías chicleras, ganaderas o fruteras. De aquí parten dos fases de Bernal: el cosmopolita y el regional, interesado en narrar sobre la vida tropical del sur de México. Será la distancia de dicho contraste el que lo irá matar, del contrastante clima tropical al clima seco suizo. 

 

Además de dicha dualidad, existe una fase más que está interesada en el género policiaco, y que terminará por evolucionar a lo que se conoce como novela negra con El Complot Mongol. 

 

Primero, en Tres novelas policiacas tenemos a Teódulo Batanes, el típico detective caricaturesco, divertido y que resuelve casos al estilo de Sherlock Holmes o Hércules Poirot, figuras elevadas intelectualmente. Opuesto a este personaje tenemos a Filiberto García, un detective más mexicano, con una trama también más mexicana, bastante alejada del crimen ficticio elaborado, y más cerca del crimen organizado y el realismo. La historia consta de un detective sucio y corruptible que debe encontrar, por pedido del general Miraflores y el licenciado Del Valle, al supuesto complot mongol que busca asesinar al presidente de los Estados Unidos, y que se haya escondido en lo más hondo del barrio chino, donde terminará encontrándose a Martita, una joven china de la cual se enamora y que cambiará la perspectiva del antihéroe. 

El Complot Mongol es una novela relevante, primero porque es la fundadora del género negro en México y después porque su estilo narrativo y el contexto de la historia son propicios para que germine dicho estilo de novela. Es la cruda realidad, sin una ley que se respete y un espíritu instintivo el que permite la existencia de un Filiberto García, y que de otro modo no hubiera podido existir. Es un México que aunque está lejano a la época actual, suena cercano, casi familiar. La trama no necesita trascender a su simplicidad porque no es su objetivo principal, cuando si es el de la evolución de su personaje sanguinario y anárquico en su incursión al barrio chino. Es por esto que El Complot Mongol, obra cumbre de Rafael Bernal, merece el reconocimiento más alto junto a su autor, que pese a su prematura muerte nos dejó un legado del que todavía hay mucho que extraer.

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Estudiante de Letras por la Universidad de Monterrey. Tercer lugar de la categoría de cuento del certamen Palabras que cuentan IX, y seleccionado ganador del concurso Palabras Migrantes 2017.