• Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon

Parecía tan lejos

Cuento

David Villarreal

Ya era tarde. El sol ya no se asomaba por los cerros y sólo queda su huella. Unos cuantos rayos aún buscaban su lugar en el valle pero la luna hizo que desistieran en el intento. Era esa hora del día en que no sabes si deberías alegrarte o entristecerte de su llegada. Una hora muerta.

 

Alejo echaba tierra sobre el cuerpo de Don Raúl con la pala. No había nadie que pudiera presenciar esto además de Alejo y los cerros, ya totalmente negros, vestidos de luto.

 

De la frente de Alejo caían gruesas gotas de sudor, aún cuando la noche auguraba una helada. Pero el joven seguía echando tierra y piedras sobre la tumba del viejo. El frío viento atraviesa el valle a puros suspiros y pasaba por entre los brazos de Alejo quitándole las ganas de seguir. De vivir.

 

De los ojos de Alejo comenzaron a salir pequeñas lágrimas contenidas. Intentó esconder su dolor bajo el sombrero y se secó las lágrimas con su camisa. No quería parecer afligido por la muerte de Don Raúl.

 

Alejo dejó la pala por un momento para respirar. El viento seguía soplando en el valle y lo poco o nada de hierba que había en él parecía desprenderse del suelo. La tierra sobre el cuerpo del viejo comenzó a removerse y hacer pequeños remolinos, descubriendo algunos dedos y la frente de Don Raúl.

 

“Parecía tan lejos. Este día se veía tan lejano, como si no fuera a pasar nunca. Uno pensaría que moriría antes yo que el cabrón de Don Raúl. No la vi venir. Don Raúl tenía cara de viejo desde que lo recuerdo, pero nunca lo veía cansado... ¿Huevón? Antes muerto, decía él... Qué frío hace.”

 

La cara de Don Raúl ya se había descubierto totalmente. Tenía el ceño fruncido. Alejo volteó la cara: “Aún quietito sigue dando miedo...”

 

Las nubes se movían rápidamente de su lugar. El viento empeoró... El cuerpo de Don Raúl quedó sin enterrar y Alejo ya sólo veía el cadáver... Él, con su cabeza bajo los hombros, se cubría la nuca con el cuello de la camisa: “Tan lejos...”

 

Una corajuda ráfaga de viento levantó a Alejo del suelo, arrojándolo al pozo donde el

viejo debía estar descansando en paz.

 

Continuas ráfagas de aire comenzaron a llenar la tumba de tierra durante algunos silenciosos minutos hasta que no había rastro de que alguna vez alguien haya cavado una tumba para su padre en ese lugar.

 

Los cerros empezaron a pintarse de verde, mientras que el sol rasguñaba el alba. El viento poco a poco se fue muriendo, al tiempo en que la luz inundó la tierra fría del valle con calor. Se podían oír los últimos suspiros del viento diciendo “lejos... lejos...”

 

___________________

Ilustración del texto aquí.

___________________

David Arturo Villarreal González nació el 18 de diciembre de 1991 en el Hospital Conchita como buen regiomontano. Estudió finanzas aunque su examen de aptitudes le recomendaba que estudiara filosofía y letras. Algunos de sus cuentos fueron publicados en revistas que (convenientemente) ya no existen. Hasta hoy sigue teniendo esperanzas de que algún editor famoso lo descubra y le diga que su vocación es la escritura.