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Deseos de José Javier Villarreal:

Una vieja (y nueva) forma de hacer poesía

Reseña

Jacobo Molina

              En la mayoría de las ocasiones, el problema de la poesía con imágenes exuberantes, que posee versos de largoaliento, cultas referencias y elaboradas metáforas, es que su contenido suele ser el autor mismo, una oda a su ego. En consecuencia, el lector promedio se piensa a sí mismo como un diminuto imbécil. Pero el problema no reside en el lector, reside en el poeta que no es capaz de compartir lo que desea –si suponemos que quiere hacerlo- a los receptores de sus versos. 

 

              Por fortuna, la mayoría de los poetas contemporáneos, sin exceptuar a los mexicanos, comprenden la necesidad de hacer poesía clara, casi siempre concisa y directa. No obstante, tan valioso como este tipo de poesía está aquella que puede llegar al lector incluso con un estilo aparentemente estereotípico. Este fue mi pensamiento la primera vez que terminé de leer Deseos de José Javier Villarreal. 

 

              La escritura de José Javier da la impresión de ser anacrónica, de tener una aire de solemnidad, de un erotismo llevado a lo sublime, casi místico. Su lenguaje, por momentos, incluso puede recordar vagamente al modernismo, pero a diferencia de los poetas que tuvieron la antorcha latinoamericana hace prácticamente un siglo, en Deseos pueden vislumbrarse también notas y agradecimientos al pie de página que forman parte del texto en sí (al menos en la primera sección), momentos –algo breves y poco comunes- de lenguaje coloquial, que hacen al lector colocar los pies en la tierra en favor de un contraste con el paraíso de imagen por el que había sido rodeado. A la imagen se le suman formas altamente rítmicas, mas no del todo musicales. Aquí una breve muestra de ello:

 

              Reseses entregadas al sacrificio,

Piedras de una corriente

Que fluye ccautelosa bajo los párpados abiertos.

Así manan los dos ríos, delta sedentario donde la carne

Levita palpitante su sórdida memoria, su huella circunspecta.

              Todo ese efecto está al alcance del lector promedio. No hay arrogancia en los versos de José Javier. No hay adornos, hay un saboreo constante de su palabra perfectamente dividido en las cuatro secciones del poemario: Bíblica, Musas, Infiernos y Canción. Es notable, además, el giro que consigue el poeta a lo largo de su libro, pues, conforme se avanza, empieza a elaborar un juego estructural con sus textos, en el que se destacan la combinación de versos de arte mayor y menor, así como de espacialidad. Un claro ejemplo de este ejercicio se encuentra en el poema II de la sección de Infiernos:

 

            Mas cuando me buscaste, cuando resolviste

                                                                               Buscarme

            yo ya me había ido cansado de esperar, de esperar

te a ti

              en tu nebulosa de celos,

                                                     en los patinaderos

donde los niños juegan a perderse

tras rosales inmensos que no vemos,

y a pesar de nosotros

retoñan en jardines, al lado de piscinas, porque el recuerdo,

bajo el calor del sol, nos sigue reflejando.

              Los lugares comunes que podrían aplastar la metáfora son a veces explorados en el libro de José Javier; sin embargo, parece recorrerlos solo para darles la vuelta y generar una clase nueva de imágenes que se expanden hasta por varias estrofas, pero sin producir jamás cansancio.

              Distinta y muy cerrada

en el dulce coloquio de la flor;

en sandalias, sobre las olas

hacia abajo

tu dulce canción

con sus fritales nidos; hierbabuena

que se desplaza, quiebra, atenta,

húmeda en los pretiles

frente al espejo.

Así, como espasmo o quien camina

la canción se calla.

              Deseos es un poemario capaz de producir una elevación segura en un lector atento. Es de esas obras que a uno le cuesta creer que, por su tendencia a un cierto barroquismo (término que aquí empleo principalmente para referirme a la opulencia en la ecuación forma-fondo y no a otros aspectos técnicos), podría uno poner en duda que sea tan reciente y que, a pesar de ello, pertenece a un poeta que ha recibido anteriormente premios tan prestigiosos como el Aguascalientes y el Alfonso Reyes. Todo con un estilo de escritura poco común en nuestros días y que el propio autor ha optado por transformar en sus obras más recientes.

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Jacobo Molina cursa el 6º semestre de la Licenciatura en Letras por la UDEM. Gusta de leer y escribir poesía. Es periodista de la Agencia Informativa de su Universidad, para la que ha realizado varias notas y reportajes.