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Joël Dicker: Un fenómeno editorial

Crítica

Gualberto González

A sus 27 años el joven y elegante Joël Dicker sorprendió con un rotundo éxito al editar su novela “La verdad sobre el caso de Harry Quebert”, una trepidante trama que ha vendido millones de libros en más de 30 idiomas. Esto después de verse rechazado por algunos editores a quienes presentó historias anteriores. A sus 19 años obtuvo el Premio de Jóvenes Autores con su cuento “El Tigre”, con lo que se sintió motivado a seguir escribiendo. Posteriormente, la presidente del jurado afirmó que sospecharon de plagio porque no les parecía creíble que alguien tan joven lo hubiera escrito.

 

En el año 2009 Dicker dio a conocer su novela “Los últimos días de nuestros padres”, la primera que escribía y donde nos lleva a conocer iniciativas de Winston Churchill sobre servicios secretos durante la Segunda Guerra Mundial para espiar y sabotear a las líneas enemigas, pero que se deben enfrentar al contraespionaje nazi complicando las cosas. Los personajes son jóvenes que se ganan el cariño del lector en una narrativa fina y coherente, donde la guerra es el pretexto para hablarnos de sentimientos y valores en medio de la adversidad.

Después, dedicando una buena parte de su tiempo a meditar e imaginar, quizá desprendiéndose de distractores como la internet o las redes sociales, logró publicar “El libro de los Baltimore”, un nuevo juego de espejos dando forma a un thriller que puede provocar un K.O. en el lector.

Años después de que iniciara el gran éxito mundial, la historia de Harry Quebert ha sido convertida en una exitosa serie dirigida por Jean Jacques Annaud. Mientras, Dicker nos sorprende con una nueva intriga prodigiosa: “La desaparición de Stephanie Mailer”, una novela coral relatada en dos tiempos, presentando una estructura narrativa que nos hipnotiza y tiene el poder de desvelarnos y lamentar tener que dejar pendiente la lectura para el día siguiente.

Se habla de que este nuevo libro está dirigido a los miles de fans del escritor, que sin duda se convierten rápidamente en “dickeradictos”. La historia no se lee, se devora; no puedes darle oportunidad a la confusión de personajes, sigues adelante, sumergido entre voces y juego de tiempos, con personajes que, como ya es característico de Dicker, nos sorprenden al mostrar su verdadera personalidad, con los secretos y fantasmas del pasado, navegando así y llevando al lector de sorpresa en sorpresa con una narrativa de gran nivel. Al igual que con Harry Quebert, Dicker sitúa la historia en una ciudad pequeña de los Estados Unidos. Descubrimos la repetición de algunos ingredientes, pero eso no

estorba para provocar la adicción, ya que la complejidad y la destreza con la que maneja sus párrafos llevan a sus personajes a un destino compartido dentro de una investigación policial, pero no se limita a eso, sino que profundiza en la intimidad de los involucrados, dándonos de paso una crítica hacia la sociedad, sobre todo en aspectos como la corrupción de los políticos, la parte nociva de las redes sociales y el lado oscuro del periodismo.

Leer a Dicker nos da la oportunidad de acercarnos a un joven valor de las letras que ha dado vida a las editoriales con historias que nos hablan de amor y amistad, al tiempo que nos envuelven en situaciones humanas que llevan a la intervención de policías y detectives, nos hablan de la aventura de escribir, de actuar, de correr y tantas cosas más.

 

Leer a Dicker es sentir una fuerte empatía por algunos de los personajes, a los que podemos conocer y admitir sus debilidades tanto en el tiempo en que se desarrolla la historia como en los años anteriores, ya que juega con los tiempos narrativos en un rompecabezas que lleva al lector a sospechar de cada uno de los involucrados para luego, en un inesperado giro, demostrarnos que nos habíamos equivocado.

 

Leer a Dicker es llamar la atención de los lectores jóvenes que exigen lecturas interesantes, de movimientos rápidos, que los reten a descubrir qué es lo que el autor no ha revelado y que al final lo hará y quizá sea lo menos esperado, pero que nos dejará satisfechos y amando cada vez más la lectura y las palabras.

Leer a Dicker es enfrentarse a un gran escritor, con un estilo que te lleva a la emoción, a querer más de él y a esperar su próximo libro deseando que el éxito lo lleve a la superación.

“Después de los hombres, habrá otros hombres. Después de los libros, hay otros

libros. Después de la gloria, hay otras glorias. Después del dinero, hay más

dinero. Pero después del amor, Marcus, después del amor, no queda más que

la sal de las lágrimas”.

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Ilustración del texto aquí.

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Gualberto González.   Linares 1956. Médico Familiar.  Secretaría de Salud de Nuevo León 1981-2012.  Profesor de Historia, Literatura y Arte en colegio Liceo de Monterrey 1991-2000, Profesor de Historia en el Bachillerato Internacional. Liceo de Monterrey 2000-2018.